Entre Veredas

MTB con alergia al asfalto

El Señor de las Moscas. Subida a Cabeza Grande.

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Por Inegro

Buen día para practicar MTB ni calor excesivo ni frío, como apuntaban los nubarrones que asomaban por la sierra.

La primera anécdota la protagonizo yo y mi despiste… Anoche repasé mil veces el equipo a llevar y cuando monto la bici, me pongo la camel y reviso el GPS, me doy cuenta de que ¡Oh cielos! He olvidado las zapatillas con las calas… ¡mierda! Bueno, menos mal que llevo adaptadores. Me cansaré algo más pero como vamos a ir en plan tranquilo…

Llega Garbu diez minutos antes de la hora y salimos de la estación de Segovia, enfilando hacia la Rotonda del Pastor, donde hay un monumento erigido a la tradición de estas tierras, justo para tomar el Cordel de Santillana.

El camino no tiene pérdida: todo recto. Tampoco tiene mucha emoción salvo las pequeñas variantes laterales estrechas, con algún canto y pasos estrechos entre zarzales y una valla con un alambre de espino con muy mala uva.

Como ninguno habíamos hecho esa ruta vamos atentos a las referencias que me diera un gran amigo y avezado senderista que había estudiado de memoria. Cachis –iba pensando yo– que pena que no se hubiera podido venir porque iba a disfrutar como un enano y nosotros con él, contándonos las mil y una historias que se sabe casi de cada piedra con la que nos topamos.

Cruzamos el puente sobre el AVE (sólo Dios sabe cuándo lo podremos ver funcionando) y seguimos subiendo por el cordel sin novedad hasta la carretera.

Vamos tranquilos, contemplando el paisaje, charlando y disfrutando del día… Garbu viene de casi de empalmada (joder que huevos) y parecemos Morgan Freeman paseando a Miss Daysi. Aún así, llegados a Santillana nos damos cuenta de que hemos ido más deprisa de lo que nos habíamos propuesto.

Las Casas de Santillana son las ruinas de un antiguo esquileo en el que aún se pueden ver las pintadas de los ancestrales Grafiteros (¡¡hablamos del siglo XVI!!) mezcladas con los más modernos y llamativos. No conseguimos localizar ninguna de aquéllas, pero doy fe de que allí están, que he visto fotos.

Aquí tenemos dos opciones: o tirar de frente para subir al Berrueco y bajar hasta llegar a la cola del embalse, o bien girar a la derecha y subirnos a Cabeza Grande. Optamos por la segunda, enviciados por las vistas que adivinamos tiene que haber allí arriba.

Vamos siguiendo los tracks de Garbu, los de Valmesado y la ruta que programé yo… menos mal que van coincidiendo casi milimétricamente ¡somos unos monstruos!

La subida a Cabeza Grande no es tan chunga como amenazan sus primeros envites. Duros y empinados, casi en línea recta hasta subir al hombro de la montaña, luego, casi hasta la misma cima, las cuestas son relativamente suaves… o eso, o vas tan flipado mirando las impresionantes vistas de la llanura, del Cerro Matabueyes, etc., que no te das cuenta de que estás subiendo.

Llegamos a un portón de alambre con un paso de peatones a un lado protegido por una puerta giratoria. Ahí nos tomamos un respiro… hasta que un enjambre de moscas nos expulsa de allí. (Con esto doy nombre a la crónica, porque es lo único “malo” que nos ha pasado jejeje) Seguimos subiendo y nos paramos en otro recodo del camino donde las vistas son impresionantes… fotazo. Y nos damos cuenta de que las moscas nos han seguido y tenemos una nube encima.

Poco más reseñable en la subida, salvo reiterar las impresionantes vistas.

Tras 20 metros de empujabike por unas “hierbas” que sobrepasan de largo los dos metros de altura, coronamos la cima. El espectáculo es casi indescriptible. Al sur la Mujer Muerta casi parece guiñarnos un ojo. La inmensa llanura con su campos de labor en plena producción, parece una inmensa colcha de retales, y los pueblos pequeños “parterres” que a cada poco rompen la cuadriculada geometría.

Nos tiramos allí un buen rato, haciendo fotos y saltando por las trincheras y bunkers de la Guerra Civil, testigos mudos de la cruenta batalla que allí se libró por el Real Sitio de la Granja, en busca de un camino que nos baje, aunque fuera trialero hasta el camino de Revenga… imposible, las pendientes en la vertiente sur parecen insalvables, y la vegetación, al menos desde la cumbre, es tan tupida que no deja ni adivinar una posible senda.

Pero la bajada ¡¡oyjojoi!! Demasiado corta… pero divertidísima…

Ya casi abajo, pasamos por la Fuente de los Militares, uno de los registros del acueducto romano y tomamos un senderillo que discurre paralelo a la Cañada Real.

Allí tomamos ya el camino de Revenga, cuando Garbu ve un caminillo prometedor que baja hasta un riachuelo. Perfecto senderillo con algún pedrolo, hay ganas de bañarse jajajaja, pero nos conformamos con pasar las burras de un lado al otro saltando las cristalinas aguas. Ya finalizado el caminillo tomamos un trecho de carretera hasta Revenga, donde los últimos coletazos de las procesiones del Corpus, dejan en las calles a niños vestidos de primera comunión.

Camino de Hontoria, una pista perfecta… para el toreo de vacas que nos miran con ojos llorosos “Dónde iran estos piraos tan rápido”.

Llegando a Hontoria nos encontramos una sorpresa. Uno de los labradores cuyas tierras lindan con el camino… ha decidido ararlo, con lo cual se ha comido 50 metros de camino por el artículo 33. Por el mismo artículo nosotros cruzamos el sembrado para retomar el camino y al llegar abajo vemos al culpable con arado y todo (es decir, el Gato Silvestre con plumas amarillas en la boca), si no lo era, al menos se llevo una mirada asesina en representación jajajaja.

Llegando ya a Segovia alcanzamos a un paisano en chándal que va buscando un camino para llegar. Lleva tres días con la bici y viene de Hontoria… En él me veo a mí hace apenas un año jejejeje sin duda un futuro forero. Nos acompaña un trecho por un camino por la vía del tren y al enfilar la subida hacia la estación se despide con buenos ánimos y nosotros tiramos.

A Garbu le queda poco de bonobici y decido enseñarle la que para mí es la vista más bonita de Segovia. Tras encontrar el camino (joer no nos hemos perdido en un ruta desconocida y me equivoco en terreno propio) lo hago tirando rápido para no estropear la sorpresa, ni siquiera que se adivine…

El sendero rodea un pinarillo que no deja ver la ciudad y llegamos a una atalaya donde ya no hay árboles y en la que Garbu se queda mirando al cortado por donde tenemos que bajar.

–Garbu, date la vuelta.

La vista de Segovia es alucinante, el Alcázar en primer plano, que casi parece que se pueda tocar con la mano, detrás la inmensa Catedral y al fondo la mujer muerta.

Retornamos a la estación, ya cansadillos, y como se dice en Casablanca, “Me parece que este es el comienzo de una buena amistad”

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Written by Garbu

junio 10, 2007 a 11:53 pm

Publicado en Rutas Antiguas

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