Entre Veredas

MTB con alergia al asfalto

Una de locuras: Subir la Gargantilla y Cabeza Lijar

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¿Quién dijo que la soledad es una mala compañera? Hoy he salido solo a hacer una ruta de auténtica montaña por primera vez. Trasteando por el foro encontré unos tracks de Toni que me vinieron de perlas para completar el rutón de la Gargantilla que se hiciera él mismo hace un tiempo y que lo hacían más asequible a mi forma.

Total, que arranco de El Espinar sin prisa, afrontando las primeras rampas con alegría. La senda asfaltada discurre entre un frondoso pinar que sube de forma constante. Me cruzo con algunos enlatados y voy haciendo parada en cada fuente que me encuentro, un agua fresca, cristalina, como jamás la probaremos del propio grifo jajajaja.

El track se desvía por un sendero y allá voy yo con la boca abierta mirando el valle de San Rafael hasta que el camino me vuelve a adentrar en la espesura del bosque cruzando torrenteras y caminos un tanto destrozados por los enlatados 4×4 y los Quads… ¿qué le vamos a hacer? el monte es de todos . Aún así veo también rodadas de bicicleta… alguién bajo por ahí ayer.

En un claro del bosque hay un área recreativa donde me encuentro a un paisano en bañador untándose bronceador para aprovechar los primeros rayos de Sol. Son las nueve de la mañana y como no tengo prisa me paro un rato con él y le pregunto si ha visto a algún otro “pirao” como yo subiendo por ahí… no… voy solo. Hago unas fotos a Cabeza Reina y continuo.

El track llega a una pista, que pronto abandono en una curva para subir por una trialera brutal, enorme, gigantesca (joer toni ¿cómo subiste por ahí?) Comienza la subida a la Gargantilla. Una hora larga de empujabike-cargabike por un paraje que parece sacado de “El Señor de los Anillos”. A la derecha baja un riachuelo y a la izquierda la trialera que evito por un senderillo que sube a pico. Me cruzo con una pareja de senderistas que bajan y saludan. Luego un grupo de tres me adelanta a paso ligero con unas mochilas que deben pesar un quintal. Estos no saludan y no se lo reprocho, para llevar la marcha a la que suben necesitan todo el fuelle que puedan ahorrar. Me lo tomo con calma, disfrutando del paisaje, sacando alguna foto. El camino es duro pero gratificante.

Una vez arriba me como un platano y me cruzo con un grupo de 5 o 6 bikers uniformados que suben desde peguerinos a todo trapo hacia las trincheras. Saludo de rigor y oigo que uno le dice a otro “Joder ¿ése se ha subido por ahí?” ¿Me habré hecho el track al revés? Me pregunto entonces.

Bueno, pues como ya estoy arriba y no hay remedio y tampoco ha sido para tanto, continuo bajando hasta el Camping de Peguerinos. A mitad de bajada alto en el embalse con otros cinco bikers. Me paro allí un rato con ellos, les hago una foto que me piden y comparten conmigo una barrita. Les cuento mi ruta prevista: Subir a Cabeza Lijar. Se miran unos a otros “Pues tienes buena subida hasta el Collado de la Mina”. La verdad es que no tengo pinta de biker avezado… una bici pintona pero nada que hacer con las Specialiced que llevan, BH expert y otras burritas guapas, bermudas domingueras y mi maiot de siempre cutremente serigrafiado con mil publicidades conseguido por presentarme a una marcha hace unos meses.

Continuo viaje y tras pasar el Camping comienza la subida al Collado del Hornillo. Jo que rampas, jo que cuestas, jo qué calor pero subo del tirón, salvo una parada técnica para cambiar las pilas la GPS. En el Collado me encuentro con otros bikers que vienen de Cueva Valiente por la misma trialera por la que bajamos nosotros en su día… ¡¡Me cago en diez!! Pero es que además para ir también se la han subido ¡qué huevos! Los dejo allí esperando a otros dos compañeros que aún no han terminado de bajar y enfilo la subida al Collado de la Mina. Recuerdo lo dura que se me hizo cuando venía de Cueva Valiente, pero después de subir al Hornillo desde el Camping, casi me parece llano.

En el Collado de la Mina hay radioaficionados haciendo una maratón de contactos, muy bien preparados, con su generador, sus neveras, sus cubatas… jajajaja, se lo montan bien. Y empiezo a subir a Cabeza Lijar ¿Montado? Imposible, el camino es casi peor que el de Cueva Valiente, piedras sueltas, tierra suelta, un montón de arbustos pero las vistas son impresionantes hacia las dos vertientes (lástima que en el lado sur hubiera mucha bruma y apenas se veía más alla de Villalba).

Una vez arriba, en el circo, me encuentro un motón de gente en actitud meditativa, casi se masca la espiritualidad del momento. En silencio tomo unas fotos y almuerzo. A los cinco minutos alguien toca las palmas y la gente que estaba desperdigada por la cumbre se reune y… empieza a rezar, tras la sorpresa… respetuosamente me quito el casco (todos se han descubierto) y guardo silencio. Tras el rezo, vuelve todo a la normalidad, comentan, hablan se dirigen a mí “joer pues subirse hasta aquí en bici tiene su mérito”. En esto llegan otros dos a los que indiqué el camino para subir en el Collado del Hornillo. Se conocen, hacen su rezo y uno de ellos empieza a indicar los picos que se ven desde allí. Presto atención e incluso le ayudo a identificar Cueva Valiente y Salamanca que no lo conocían.

Se marchan y me quedo sólo… ¡qué momento! La cumbre entera para mí, silencio absoluto y me dejo llevar por el momento espiritual vivido hace unos minutos… y pienso que si no es Dios quien te regala esos momento, tiene que ser alguien muy similar.

Tras un buen rato en el que he perdido totalmente la noción del tiempo bajo, esta vez montado el 60%, bajando una trialera que va recta cortando el serpenteante camino que he subido.

Ya abajo me encuentro con uno de los bikers con los que me topé en el embalse que está esperando a sus compañeros que todavía están subiendo.

–¡Coño, si estás vivo!- me dice.

–Y porqué no habría de estarlo- contesto entre risas.

Llega otro y también se sorprende de mi buena salud.

–Joer, qué poca fe teníais en mí jajajaja– con un poco de mala uva les pregunto que si van a subir a Cabeza Lijar, que está “ahí mismo”.

–No, que se nos hace tarde. Y además uno ya viene petao.

Les acompaño un trecho por el camino que va al Puerto de los Leones, hasta que se dan cuenta de que les apetece ir más rápido y se tiran a muerte bajando. Yo les dejo irse ya que tengo que coger un camino a la izquierda un poco más adelante para ir a San Rafael.

¡Y qué camino! Gracias Toni por ese track que dejaste. Bajada recta, llena de raices, pedrolos, torrenteras, tramos en “half pipe”. Bueno bueno, si no habéis hecho ese camino hacedlo porque es una gozada, y si yo lo he bajado sin poner un solo pie lo hace cualquiera.

Ya en San Rafael, callejeo y tomo un camino que discurre casi paralelo a la N-VI, con algún tramo enfangado, va cruzando un encinar algo “calvo”, cuyo único interés es que no tienes que pisar asfalto para llegar a El Espinar.

En fin, día perfecto.

Datos:
Distancia: 40 km.
Tiempo: 4 horas.
Meteorología: Despejado, Sol.
Temperatura: 25-27 grados.

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Written by Garbu

junio 24, 2007 a 11:34 pm

Publicado en Rutas Antiguas

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