Entre Veredas

MTB con alergia al asfalto

Al rescate de la Dama Dormida (La Mujer Muerta)

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Tres dragones guardan la Dama que dormita acostada sobre el horizonte, mientras diez guerreros se calzan sus armaduras y montan su corceles prestos al rescate de la doncella.

Parten seis paladines y una aguerrida amazona, con <toni> El Señor de los Senderos al frente dispuestos a enfrentarnos al primer dragón, La Fuenfría, donde esperarían a los dos guerreros guerreros que habrían de completar la manipula que habría de vencerlo.

El Dragón Fuenfría

El astuto primer dragón, amedrenta con sus primeras rampas, duras y asfaltadas, con sus acólitos derrochando la potencia de sus caballos y escupiendo humo por las posaderas, pero pronto Sir <toni> les enseña cómo evitarlos por un camino alternativo que cruza, cómo no, un bosque de pinos.

Inegro, El Señor de la Retaguardia, tiene un problema con su montura e intenta arreglarlo sin llamar la atención, y no distraer a sus compañeros de filas de ese primer ataque. Curado el jamelgo, sube al galope por asfalto, gesta que pagaría no mucho más tarde, pensando en que los ha perdido para siempre jamás, pero pronto oye el relinchar de las monturas de sus compañeros a su derecha, saliendo de una vereda que no pudo disfrutar.

La lucha con el Dragón Fuenfría es ardua, hay que actuar con inteligencia, no vale de nada romper todas las lanzas en los primeros envites, ya que el astuto dragón parece rendirse en el Mirador de Vicente Alexandre, pero es entonces cuando comienza una guerra de guerrillas, atacando con unas rampas suaves pero larguísimas, que van haciendo mella, quédamente.

Mirador de la Reina: el dragón se enfurece y en un último estertor de agonía impla su odio quitándoles la reparadora sombra de los pinos, lanzándo oleadas de Sol. Menos mal que el Señor de los Senderos, previsor como ninguno los hizo parar en una fuente, donde, por cierto, completaron el comando rescatador PabloVk, Co-Señor de Marichiva, que se subió al galope con Joudini, Maestro Remolcador, debiendo su “tardanza” a problemas con la diligencia que habría de traerlos hasta Cercedilla.

Poco más dio de sí este dragón. Una vez vencido (Sir Pepito, que ya venía herido abandonó el comando, pues tenía otra gesta pendiente “más suave” con el camino de Smicht) bajaron por su cadáver disfrutando de una pista… pero poco rato, ya que Sir <toni> conocedor como nadie de estas tierras infestadas de dragones, les enseña cómo evitarlos por una vereda repleta de raices, ramas caídas y torrenteras embarradas. Así que bajan al galope saltando ramas y torrentes, esquivando árboles vencidos por la nieve invernal, cuando el dragón Fuenfría en un último coletazo de muerte le dio de lleno a Sir RaquelAlbasa que abrazó el barro de una torrentera… no hay mal que por bien no venga, se libró de las moscas que nos comían a los demás.

Parada y fonda. Preparando el ataque al Dragón Pasapán

La vereda parece morir en un inmenso prado con sube-bajas, que afrontan por un camino casi borrado y peligroso por las rodadas endurecidas y por caceras abandonadas que se ocultan traidoras bajo las agostadas hierbas.

Entonces, cuando más velocidad llevan, cuando el disfrute de bajar por esas praderas rubias parece que no puede ser mayor, coronan una última colina…. y allí aparece, gigantesca, infinita, sobrecogedora, la Llanura Segovina. Da la bienvenida derramando sobre los guerreros todo su esplendor: al Este, Segovia con su inconfundible Catedral intentando tocar el cielo; al Norte, justo enfrente, el Palacio de Ríofrío, del que dicen que los lugareños utilizan su sombra para saber la hora del día que es; al Oeste, la Campiña Segoviana, los pinares de Marugán y Muñopedro, y ya lejos, los molinos de Aldeavieja, cual gigantes anoréxicos saludando a quienes los contemplan. Todos tiran de las riendas de sus corceles, hay que disfrutar de esta vista soñada, incluso algunos paran con la excusa de beber, pero sin poder quitar la vista de esa alfombra que se pierde por mor de la redondez de La Tierra.

Es momento del descanso, y acampan bajo una encina de sombra generosa donde empiezan a correr las viandas más dispares, desde el bocadillo basto gordo y grande de Sir Inegro, a otros más moderados y menos llamativos.

El Dragón Pasapán

Están bajo la Dama Dormida, que parece respirar al ritmo de los pedales de los rocines, mas el dragón se ha despertado y empieza a escupir fuego sobre la llanura. Atacar directamente es impensable así que van por una senda en paralelo buscando el flanco derecho del castillo que la guarda y el dragón que la protege.

Sir <toni> encuentra un punto débil tras una puerta que hay que saltar. No es tan débil como parece. Las monturas cabecean en una inmisericorde subida en línea recta, que de cuando en cuando gira para subir la montaña… Van a la sombra y eso a Sir <toni> le escama, el dragón ha utilizado un hechizo y ha confundido su clarividencia, pero el astuto Señor de los Senderos retoma pronto el camino correcto.

El Dragón viendose en peligro ataca con cólera sarracena cruzándoles minotauros mujidores en el camino, empinando las rampas, apartando los árboles a su paso exponiéndolos al astro rey que se alía con él, cerrando sobre ellos sus crestas para que el aire no penetre en el valle, quitándoles el oxigeno de los pulmones, o calentándolo tanto que duele al respirar.

Sir Inegro, el Señor de la Retaguardia, va haciendo honor a su sobrenombre, esquivando a duras penas las embestidas del dragón, que ha visto el punto más débil en él y lo ataca con saña. Menos mal que Sir <toni>, con su empuje psicológico, Sir Embarrao ésa mole de potencia, y Sir Joudini y su rueda de cadencia milagrosa, van tirando de las riendas de Sir Inegro, cuyo penco empieza a sufrir los avatares de tan larga gesta.

Y así, giro a giro, van atravesando inmensos canchales con rocas colosales a un lado y otro del camino, dando mandobles a diestro y siniestro hasta que cara a cara con la bestia, y tras un último esfuerzo sobrehumano coronan el Pasapán dándola muerte.

Nunca victoria fue más celebrada, que si no hubo más fastos, fue porque el cansancio ya hacía tiempo que se había montado sobre sus cuerpos en mayor o menor medida.

La Dama Dormida pareció saludar desde su lecho y los nueve guerreros correspondieron con protocolario saludo.

La bajada del Pasapán… pues ni tanto como la pintan en los libros de caballería, pero tampoco es un paseo para escuderos lampiños. Los jamelgos galopan a gran velocidad sobre un camino inseguro y comprometido por piedras y gravilla suelta, con un cortado de vértigo a la derecha del que ningún mortal puede salir vivo si en una aventurada maniobra un error de cálculo da con los cascos de la montura, siquiera, un milímetro fuera del borde.

Y es aquí donde Sir Joudini y Sir Inegro han de cambiar herradura a sus corceles pues alguna piedra pinchósela con muy mala uva. A alguno de los caballeros le vino muy bien para luchar con otra clase de dragón tras unos matorrales… y bien fiera que debió ser la lucha a juzgar por los gruñidos y ruidos de batalla que se oían.

A medida que se baja el Pasapán la cosa se complica, el camino se cierra la vegetación lo oculta, escondiendo traicioneros surcos que amenazan con dar con las costillas en el suelo. Algunos echan pie a tierra ya que aún les queda el dragón que guarda la salida del castillo: Marichiva.

El Dragón Marichiva

Tras la última trialera, afrontan pista rápida hasta un pantano, donde una fuente de agua cristalina calma la sed sufrida en el último ataque al Dragón Pasapán. Pero poco descanso nos espera.

Marichiva es un dragón pequeño, pero fortísimo, tanto, que salvo Sir PabloVk, Co-Señor de Marichiva, y Sir <toni> que lo mató una vez y media por ir a buscar Joudini que perdió el camino, todos echaron pie a tierra para subirlo.

Los riñones protestan por el empuje, los gemelos arden de tensión, pero el Sol cae ya rendido por el tesón de los caballeros de la Orden de la Dama Dormida, como serán conocidos a partir de ahora, y hace más llevadera la batalla.

Muerte del Dragón Marichiva, momento de despedidas para algunos caballeros que vuelven a sus castillos a reparar sus maltrechos cuerpos y monturas.

Pensaban, los que resistieron que poco quedaba que ver. Nada más lejos de la realidad. Por Marichiva siguen ascendiendo a la derecha los supervivientes el pinar se abre ofreciendo un sobrecogedor espectáculo del valle Cercedilla, casi si puede adivinar la Villa de Madrid a lo lejos. Pero eso no era todo.

La Piñuela

Apenas el hueco de un arrastradero sale a la izquierda de la pista, casi invisible, un trialera brutal, con una pendiente y unas curvas de vértigo, que casi pareces asomarte a un balcón cuando montas sobre el manillar. Unos escalones de raíces… mil variantes al trazado… los cantos cubren tanto el camino, que más que rodar, se surfea sobre ellas… el sueño de cualquier caballero de la Orden de la Piedra. Los más aguerridos y fuertes bajan a muerte, Sir <toni>, como buen maestro, se queda con los menos diestros en las artes de bajar.

RaquelAlbasa e Inegro, siguen a Sir <toni> que va marcando la trazada, pero quiso la mala suerte que Doña Raquel, que había sobrevivido a los tres dragones luchando con fiereza, diera de nuevo con su cuerpo en las piedras por un tropezón de su corcel en una traicionera piedra. Viendo que no ha gravedad inmediata, se ponen de nuevo en camino e Inegro baja a avisar a los demás del infortunado incidente.

La Opcional

…Y los Caballeros de la Orden de la Dama Dormida, terminan su dura jornada, sudorosos polvorientos y sonrientes, brindando con tremendas jarras de cerveza a la sombra del Ayuntamiento, donde hace nueve horas y 56 kilómetros atrás comenzaran su gesta

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Los Caballeros de la Orden de la Dama Dormida
Los Caballeros de la Orden de la Dama Dormida

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Written by Garbu

agosto 29, 2007 a 12:26 am

Publicado en Rutas Antiguas

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